0

Destete

En una de las últimas entradas, haciendo el repaso de #mi2019bloguero, me di cuenta de que en su momento no llegué a contar cómo fue el desenlace de nuestro destete, porque sí, yo decidí destetar pero Pichón no estaba de acuerdo y el proceso duró un tiempo, supongo que más de lo que yo pensé en un primer momento.

watercolour-1768986_192073832202.jpg

A comienzos de 2018 empezamos a plantearnos el tener otro bebé. Pichón ya iba camino de los 3 años por lo que cada día se mostraba más autónoma y tampoco queríamos dejar que pasase mucho tiempo para evitar mucha diferencia de edad. Además yo sigo aún hoy pensando que tengo los 30 que cumplí en 2015 pero cada año sumo uno más… El único “fleco” que quedaba era la lactancia, pues con casi 3 años la peque seguía tomando teti al menos 3 veces al día: para darnos los buenos días, para echar la siesta después de comer y para despedir el día. Ambas disfrutábamos de ese momento, era un jardín privado en el que relajarnos. A veces algunas personas trataban de inmiscuirse ofreciendo opiniones que nadie había demandado pero a fuerza de oírlas ya sabía ignorarlas para continuar disfrutando con mi pequeña de ese momento. Ella  también sabía responder cuando alguien le decía que eso era “de pequeños” o “una cochinada”. Esta última apreciación me molesta bastante, porque quien ve algo sucio en que un hijo tome teta de su madre es que ve con mirada sucia. Digo ve y no mira no por no redundar, sino porque creo que si en lugar de ver amamantar esas personas observasen como una madre amamanta cualquier resquicio de sexualidad se eliminaría para dejar paso sólo a la ternura que ese acto entraña.

Pero volviendo al tema, yo siempre había confiado en tener un destete progresivo, que fuera ella la que perdiera el interés. Había leído que se estimaba que el destete biológico del humano, sin interferencias culturales, podía darse entre los 2 años y medio y los 7 así que no me parecía raro seguir dándole y estaba atenta a posibles señales, aunque aquello no parecía que fuera a ocurrir pronto, por lo que empecé a plantearme el iniciar la búsqueda de un nuevo bebé sin haberla destetado y confiar en que la bajada fisiológica de producción láctea durante un hipotético segundo embarazo diese el impulso que necesitaba para lograr un destete feliz.

Supongo que como soy terapeuta me pregunté cómo asumiría mi cuerpo esta situación y pensé en que habría que complementar quizás con vitaminas. Yo no quería hacer tándem, eso sí lo tenía claro, pues no me veía con una buena disposición para ello. Con todas estas ideas en la cabeza pedí consejo a Isabel, una de mis profesoras de osteopatía que me cuido durante y después del embarazo de Pichón (así como después con el de Pepita y su postparto). Ella me conoce, ya son muchos años, y me hizo las preguntas adecuadas para que yo reflexionase. ¿Por qué quería alargar la lactancia? ¿Por qué me preocupaba estar embarazada y lactando? Hablamos largo y tendido y me di cuenta de que si quería traer al mundo un nuevo bebé debía dejarle espacio, debía dejar que mi hija creciese y tratar de cerrar de la manera más delicada esa etapa de nuestra relación. Ojo, no digo que todo el mundo deba hacer lo que yo hice, digo que yo necesitaba hacerlo. Por mí, por mi manera de ser y estar, por el momento en el que estábamos… Yo necesitaba tomar mi espacio, de hecho, iniciamos el destete en julio y no empezamos a buscar otro embarazo hasta septiembre. Una vez destetada me apetecía tener mi cuerpo para mí sola un tiempo, disfrutarlo, y hasta que no sentí que eso había pasado seguimos manteniendo relaciones con protección.

Los primeros días sin teta fueron duros para las dos. Mucha frustración y desconcierto embargaban a Pichón. Supongo que también decepción. Yo por mi parte sentía pena por verla sufrir así. A veces me sentía culpable pero sabía que era una buena decisión, ya que amamantar estando embarazada hubiera sido muy duro para mí.

Las primeras semanas lloraba muchísimo, especialmente al irse a la cama pero poco a poco fue dejando de pedirlo. Sin embargo, cuando habrían pasado unos 25 o 30 días, en un momento en el que ella estaba muy enfadada a mí se me encendió la bombilla y le pregunté “¿Echas de menos la teti?”. Su cara de rabia de un segundo antes cambio por completo y se echó a llorar completamente desolada “Sí mamaaá, la echo de menooooos”. La abracé, me abrazó y lloró, lloró y lloró. No sabía cómo consolarla y entonces se me ocurrió. Yo sabía que aunque tratase de mamar ya no iba a sacar nada así que le repetí como ya había dicho otras veces que ya no tenía leche, pero esta vez añadí “¿Quieres ver si sale algo?”. Se enganchó y trató de mamar para comprobar por sí misma que ya no había leche. Mamá no mentía, se había acabado. Me abrazó y lloró, pero como llora alguien que lo ha intentado todo y por fin sabe que aunque trate de volver atrás no hallará ninguna solución.

Después de esto nos empezamos a sentir mejor ambas. Mi pecho derecho estuvo fabricando leche hasta octubre más o menos (unos 3 meses desde el destete), especialmente el cuadrante superior externo, de hecho llegué a hacerme una ecografía para descartar que no fuera otra cosa, aunque los bultos se reducían cuando me masajeaba el seno y hacía salir algo de leche. Al ser la zona axilar me pareció adecuado asegurarme que todo estaba bien antes de quedarme de nuevo en cinta. 

Para acabar me gustaría contaros una última anécdota. Yo me quedé embarazada en noviembre. Pues bien, cuando me hice el test de embarazo se cumplían 5 meses desde que dejé de darle pecho a mi peque. Al día siguiente, domingo, ambas jugábamos en la cama cuando de pronto, estando ella tumbada sobre mí me dijo:

“Mami, hueles a leche”.

 

Por supuesto, fue la primera con la que compartimos la noticia de que había otro bebé creciendo dentro de mí.

0

Disfraz de Velázquez DIY

El año pasado en el cole de mi hija el tema del Carnaval era el famoso cuadro La familia de Felipe IV más conocido como Las MeninasDurante el mes de febrero les presentaron el cuadro e incluso fuimos al Museo del Prado para verlo en toda su magnitud y esplendor y, como broche a ese aprendizaje, las profesoras propusieron que la temática de sus disfraces girase en torno al cuadro.

Con sus 3 años, evidentemente, necesitaba algo de ayuda en la preparación. Yo no soy una fanática del Carnaval pero me apetecía darle la opción de ir disfrazada ya que recuerdo que a mí de peque sí me gustaba disfrazarme.

Supongo que por los subconscientes roles de género lo primero que me vino a la cabeza fue el disfraz de Menina o infanta Margarita ya que ella, mi hija, es hijA. Sin embargo lo descarté rápidamente primero al imaginarme a mi niña incomodísima dentro de una falda que tratase de simular la de las Meninas y después al pensar en el jaleo que sería hacer algo de ese estilo. Entonces ella y yo decidimos que iría de Diego Velázquez y me puse a discurrir cómo idear (ya que para un rato no iba a comprar un traje) el vestuario.

En el cuadro, Velázquez lleva un traje negro con un cuello blanco, mangas blancas y la cruz roja de Santiago en el pecho, amén de su paleta de maestro, así que busqué entre la ropa de Pichón un pantalón y una camiseta negras que sirvieran de base. La camiseta tenía círculos de lentejuelas negros y brillantes el pantalón pero, oye, era para unA Velázquez del siglo XXI. Teníamos unas planchas de goma eva de color rojo de alguna cosa que nos sobró hacía tiempo, así que imprimí una Cruz de Santiago para que me sirviera de modelo y la recorté en goma eva. Luego, cuatro puntadas para coserla a la camiseta y una cosa hecha. El típico cuello babero blanco de la época pensaba hacerlo de papel, pero en el bazar donde entré a comprarlo no encontré el papel que yo quería. En cambio sí vi un volante de tul blanco con un pespunte en negro. Fue toda la inversión que hice en el disfraz, 1’2€. Lo cosí con hilo blanco rodeando el cuello de la camiseta y listo. La paleta la hicimos juntas. Recuerdo haber hecho una de pequeña con una caja de cartones de leche y pensar “Qué cutre queda esto si le damos la vuelta”, ya que se veía el dibujo de la vaca. Así que encontré un cartón fino, de una bandeja de plátanos que habíamos comprado. Marrón por un lado y blanco por el otro y además alargado, como la paleta que lleva Velázquez en el cuadro. Le hice un agujero para el dedo y juntas, con las acuarelas que le habían traído los Reyes, pintamos la paleta.

IMG_20190228_085918

UnA Velázquez del siglo XXI

¡Disfraz listo!

Bigotes a lo Velázquez con pintura de cara para completar el look

  • Tiempo invertido: no más de una hora.
  • Dinero invertido: 1’2 euros.
  • Resultado: Peque súper cómoda para disfrutar de la fiesta de carnaval.

Aquí la muestra ⇒

Luego, a la camiseta, le quité los decorados y lista otra vez para la vida diaria y como soy así de previsora el volante lo he guardado por si me sirve para otra ocasión (de hecho en mayo ya lo usamos para el traje de chulapa que hicimos) 😁

Ahora ve las fotos y dice que le hubiera gustado más ir de Menina como su amiga J (que llevó un vestido de papel, algo realmente impresionante), pero bueno, ¡a ver qué nos toca este año!

0

Abrigo de porteo

Si eres un MaPi de la variedad “Sherpa” al que le encanta portear a su bebé, el abrigo de porteo te parecerá un gran invento para sobrevivir al frío del invierno.

Con Pichón el primer invierno usamos un fular elástico cuyo tejido era polar, por lo que resultaba muy calentito y con la tela que me ataba a la cintura le podía tapar los pies y las pantorrillas que era lo que quedaba al aire. Además diría que la porteábamos sobre todo estando de viaje, por Madrid, para el día a día, no tanto como a Pepita y desde luego si veíamos que el día estaba frío iba al carro con su saco bien tapada.

Sin embargo ahora, la situación es otra. Veréis, Pichón va a uno de los coles más grandes de la capital. Cuenta con unos 1400 alumnos, por lo que las entradas y salidas del centro son un tanto ajetreadas y encima cuesta arriba. Hay mañanas que no sé si vamos al cole o a una gymkhana. Si las puertas aún están cerradas nos hacemos hueco entre la multitud de niños, MaPis y Yayus para llegar hasta la puerta de acceso de infantil vigilando que ninguna mochila rodante nos atropelle. A veces hay que esquivar perretes olisqueadores deseosos de nuevos amigos y como Pichón ronda el metro de altura entre tanta gente hay que ir con cuidado de que ninguna persona la pise porque hay quien solo ve la meta y no se fija en el camino. Una vez una abuela que llevaba la mochila de ruedas del nieto le dio un viaje a la pobre y encima ni le pidió disculpas. Por las tardes hay que subir dos plantas por la escalera ya que la recogemos directamente en la clase así que si sólo va uno a recoger a la mayor (y esto lo suele hacer Papi) hay que sacar a Pepita del carro y subir con ella en brazos, lo cual no es problema si está despierta pero si está dormida una de dos, la sacamos estropeandole la siesta o le pedimos a alguna persona conocida si se puede quedar un momento con ella abajo. En fin, que para nosotros es más práctico cargar a la peque en el porteo y darle la mano a la mayor para hacer el camino al cole.

Yo soy quien la lleva por la mañana habitualmente por lo que cuando Tania me ofreció en préstamo su abrigo de porteo dije que sí de inmediato. Había pensado comprar o hacer una funda para protegerla del frío y que pudiésemos usar tanto Papi como yo. Ya había hablado con la abuela para ver si le parecía factible confeccionarla pero al llegar el abrigo desechamos la idea.

Este abrigo de porteo básicamente es una prenda que cuenta con dos cremalleras, una en la parte frontal y otra a la espalda (por lo que el lado derecho se puede separar por completo del izquierdo). Además tiene una pieza rectangular que se engancha mediante cremalleras al abrigo, ya sea a la parte delantera si porteas a tu peque delante o a la trasera si lo llevas a la espalda. Al usar el abrigo, ambos, porteador y porteado, vais dentro de la misma prenda por lo que si entráis a un local o a algún medio de transporte público donde haga calor puedes retirártela sin tener que bajar al peque del dispositivo de porteo. Esto es muy útil si vas a estar poco rato en ese ambiente o si el peque se ha dormido y no quieres interrumpir su sueño sacándolo del dispositivo. Además, si no vas a llevar al bebé puedes retirar la pieza “extra” y usarlo como abrigo normal. Esto por ejemplo es muy práctico si llevas al bebé a algún sitio (guarde, abuelos, mamá de día) y lo dejas al cuidado de otras personas. Guardas esa pieza junto con el dispositivo de porteo y listos.

img-20200122-wa0003

Paseo una mañana de lluvia con Pepita en el porteo. ¡Sí, eso blanco que asoma es su gorro!

Hay parejas que compran el abrigo para usarlo los dos, en algunos el corte es muy unisex por lo que es una buena opción. Hace poco nos cruzamos con una familia que porteaba a su bebé. Tanto el padre como la madre llevaban el mismo modelo de abrigo de porteo que uso yo. Es otra opción si piensas portear mucho aunque no sea la más económica. Si eres manitas y te gusta coser puedes convertir tu abrigo normal en uno para portear delante. Para ello sólo habría que comprar una cremallera que se acople a la del abrigo escogido y una tela. Hay telas tipo softshell que repelen el agua y tienen polar que creo que cumplirían genial la función. Se trataría de recortar un rectángulo de esa tela con el largo del abrigo (teniendo en cuenta los dobladillos, claro) y de unos 30 cm de ancho.  Luego habría que montar la cremallera para poder acoplar la pieza que cubriría al bebé.

Con el abrigo de porteo tu peque irá bien protegido del frío y solo será necesario que le pongas un gorro para proteger su cabeza y oídos de las inclemencias meteorológicas. ¡A nosotras nos encanta!

 

2

Porteo: Mochila Vs. Fular

En una de las primeras entradas del blog escribía precisamente sobre esto, sobre el porteo ergonómico, y es que soy una auténtica enamorada de este sistema de transporte para los bebés y niños pequeños, ya que me parece que acumula multitud de ventajas y pocas desventajas y contraindicaciones. Como ya escribí aquella entrada hace tiempo, no me voy a extender de nuevo explicando las diferencias entre un método de porteo ergonómico y uno que no lo es, aunque para los que vayáis con prisas os enumero a grandes rasgos las características del primero:

  • Asiento de base ancha para el bebé con apoyo tanto del culete como de los muslos
  • Postura de las piernas del bebé en M: las rodillas quedan algo más altas que el culete del bebé
  • Respeto de las curvas fisiológicas de la columna del bebé
  • Ajustable a talla de porteador y porteado

A Pichón la porteamos en fular, primero elástico y después de más mayor rígido (también llamado fular tejido). También usamos una mochila cuando ya era más mayor en nuestra escapada a París, porque no queríamos facturar equipaje y además llevar la silla de paseo nos parecía un lío tremendo. A Pepita empezamos a portearla en una mochila que nos regalaron los compis de trabajo de Papi (¡gracias de nuevo amores!) pero como yo he sido y soy muy “pañuelera” algún día me la he puesto también en el pañuelo. Así, hoy me gustaría escribir sobre las diferencias que yo encuentro a portear con fular rígido y hacerlo con mochila ergonómica porque le veo pros y contras a ambos dispositivos. ¡Vamos allá!

mochila-fular

Mochila o fular pero siempre ERGONÓMICOS

La mayor ventaja que yo encuentro de la mochila sobre el fular es la rapidez y sencillez con que se pone y se quita y ese fue precisamente el interés que teníamos en cambiar de dispositivo ya que creímos que nos facilitaría las cosas cuando estuviésemos solo uno con las dos peques. El pañuelo requiere práctica y aprendizaje, hay personas que desisten de utilizarlo porque les parece extremadamente engorroso el hecho de tener que hacer los nudos y especialmente teniendo que tener al niño encima. La mochila sin embargo una vez que la adaptas a tu talla te la colocas en un periquete. En nuestro caso, sólo hay que cerrar la parte del cinturón en torno a la cintura y la parte de los tirantes por la espalda. Si la mochila la usa más de una persona hay que acordarse de ajustarla pero en eso se tarda un segundo.

La mayor ventaja del fular sobre la mochila es que si te adaptas bien a su uso te valdrá siempre ya que se adapta al tamaño del porteador y del bebé, pero también del niño pequeño. Con las mochilas existe la posibilidad de comprar una mochila evolutiva como la nuestra, que puede usarse desde que son bebés sin necesidad de adaptador, sólo cerrando o abriendo la base de apoyo, hasta que el niño tenga unos 2 o 3 años (dependiendo esto del peso y estatura de la criatura), sin embargo siempre llegará un momento en el que la mochila se quede pequeña y el niño tal vez no sea lo suficientemente mayor como para caminar largas distancias. En ese caso, el fular sí puede seguir utilizándose con niños de por ejemplo 4 o 5 años si el porteador aguanta su peso. Existen mochilas ergonómicas para “toddlers” es decir, para niños más mayores, pero claro, requieren una segunda inversión. Las mochilas cuestan en torno a 150€, si necesitamos 2 multiplica, mientras que el pañuelo sale por unos 70€… También hay mochilas de esas que el niño va sentado como en una silla y que usan muchos senderistas. Personalmente no me gustan, ya que al peso del niño hay que añadirle el de la propia mochila.

Volviendo a la comparativa, otra ventaja que veo del pañuelo con respecto a la mochila es que puede ser más calentito en invierno y más fresco en verano. La mochila siempre es la que es, se puede añadir un impermeable con polar por encima para los meses más fríos por ejemplo o hacerse con un abrigo de porteo (¡gracias Tania por prestarme el tuyo!) pero si no lo tienes al peque le entra airecito por los costados, se le enfrían los pies y las manos… En cambio el fular en invierno puede ser más calentito, ya que envuelve casi por completo al bebé (las piernas y los pies quedarían al aire y la cabeza evidentemente también) y podemos cubrirlo hasta con 3 capas de tela en función del nudo que utilicemos. De la misma manera en verano podemos portear poniéndole sólo una capa por encima y recordemos que los fulares rígidos son de algodón, tejido completamente transpirable.

Personalmente me gusta más la sensación al portear con pañuelo, ya que no es la misma que ofrece la mochila por muy ergonómica que ésta sea, el bebé va más pegado y ajustado en el fular que en la mochila. En resumen diría que el pañuelo es más versátil, puede ponerse al peque delante, detrás o a la cadera y sirve lo mismo para un bebé de 15 días que para un niño de 4 años. Sin embargo, se tarda más tiempo en poner y quitar, su uso requiere aprendizaje y hay que tener cuidado de no mancharlo cuando lo estamos anudando o desatando.

En uno de nuestros últimos viaje por el norte porteamos a Pepita y llevamos la silla de paseo de la mayor. A ratos también le tocó a Papi cargar con ella a hombros, por lo que hemos pensado que para el próximo lo que vamos a hacer va a ser portearlas a las dos. Yo me quedaré con la pequeñina en la mochila porque pesa menos y Pichón si lo necesita irá a la espalda de Papi en el pañuelo. Se lo hemos comentado a ella y se siente entusiasmada, a ver si cuando lo hagamos de verdad colabora ya que dejamos de portearla porque no quería pañuelo pero tal vez ahora que es más mayor entienda que si no quiere caminar es mejor opción el pañuelo que no los hombros de su Papi, donde siempre acaba con las piernas dormidas.

Si aún no has probado o te da miedo intentarlo te animo a que lo hagas, portear es cómodo y seguro siempre que se respeten unas pocas normas. Probablemente en tu entorno hay alguien que tenga una mochila ergonómica o un pañuelo y que esté dispuesto a prestártelo unos días. También en las tiendas especializadas suelen dejar que te pruebes los dispositivos antes de comprarlos y en alguna incluso organizan talleres como por ejemplo aquí (no me llevo nada por la publicidad, las conocí en el taller que hice de porteo para personal sanitario en el madrileño Hospital de La Paz hace unos años y me parecen grandes profesionales, además son muy conocidas ya en este mundillo). Y si no sabes bien a qué me refiero con “ergonómico” lee la entrada que escribí hace tiempo. Cuando hace 4 años porteábamos a Pichón no eramos tantos los que lo hacíamos, ahora es más frecuente, pero aún me encuentro mucha gente porteando con dispositivos que no son los adecuados. Por tu salud (y también tu comodidad) y la de tu peque, infórmate. 

0

Museo Tiflológico

¿Tiflológico? Seguramente no es una palabra que utilicemos a diario. Si buscamos en el diccionario de la RAE su significado, éste nos informa que es aquello perteneciente a la tiflología, la cual a su vez define como la “parte de la medicina que estudia la ceguera y los medios de curarla”(1). Ahora mejor, ¿verdad?

Cuando en España hablamos de ciegos o personas con problemas visuales creo que invariablemente se nos viene a la cabeza la ONCE que es el acrónimo de la Organización Nacional de Ciegos Españoles. Esta institución se fundó hace ya más de 80 años, en 1939, con la intención en principio de aunar distintas asociaciones regionales de ciegos que habían surgido en el país para organizar rifas (las precursoras del cupón de la ONCE) en favor de los ciegos, ya que dada la situación histórica de aquellos años (recordemos que la Guerra Civil transcurrió entre 1936 y 1939) las personas con trastornos visuales encontraban muchas más dificultades para ganarse la vida. Con los años la ONCE ha ido creciendo, ofreciendo por ejemplo formación adaptada a personas con discapacidad visual. En el mundo de la fisioterapia siempre hemos tenido muy presente la Escuela de Fisioterapia de la ONCE, sólo por citar un ejemplo.

Buscando en la web planes para hacer con Pichón encontré información sobre el Museo Tiflológico de la ONCE. No es un museo grande, lo cual lo hace muy adecuado para visitar con niños pequeños. Está dividido en 3 zonas, una en la segunda planta (el acceso se hace mediante escaleras desde el piso de arriba) en la que hay máquinas de impresión de Braille y antiguos cupones de los sorteos, entre otras cosas. Fue la última sala a la que accedimos y la que peor vimos ya que Pichón estaba un poco cansada. Las otras salas, en la tercera planta (acceso mediante ascensor o escaleras) se dividen en dos zonas, una en la que se exponen obras (pinturas, esculturas, fotografías) realizadas por personas con deficiencias visuales y la otra en la que encontramos maquetas de edificios representativos de España y del mundo: el Palacio Real de Madrid, la Catedral de Burgos, la Sagrada Familia de Barcelona, el Tower Bridge de Londres, la Torre Eiffel de Paris, el Partenón de Atenas, el Taj Mahal de la India… También algunas maquetas de ciudades como Toledo o Jerusalén. Esa fue la primera zona a la que accedimos y la que más disfrutó Pichón ya que este museo no sólo se ve sino que también se toca. ¿Qué niño no ha intentado tocar las piezas de un museo? Pues aquí puede hacerlo sin miedo, simplemente con cuidado para no romper las partes delicadas.

img_20191116_121246-collage

¡Nos encanta la Torre Eiffel!

La entrada además es gratuita y el personal que se encarga de atender es muy amable y atento. Una opción diferente y divertida para pasar una mañana de sábado en familia.

Referencias

1. Visto en la web: https://dle.rae.es/tiflolog%C3%ADa?m=30_2

7

¡2020 allá vamos! (#mi2019bloguero)

Empezamos año, empezamos década, y algo me dice que para empezar muchas veces antes hay que cerrar y saber de dónde venimos así que después de leer la propuesta de Madresfera de hacer un Carnaval de post repasando el año que pasó, empiezo el año en el blog con esta entrada, reflexionando de dónde vengo antes de definir a dónde quiero llegar.

Este último año para mí ha sido un año de cambios, el año en que he vuelto a ser madre por segunda vez, un embarazo que removió muchas cosas a nivel emocional tanto antes como durante pero también después. Supongo que el embarazo me ha mantenido algo dispersa durante 2019 y dejé el blog un poco aparcado, aunque cumplí el objetivo que me marqué de colgar al menos un post mensual e incluso hubo uno de propina.

Digo que ha sido una revolución emocional este 2019, aunque esto ya venía de antes de quedarme embarazada porque fue el deseo de estarlo lo que me animó a destetar a mi hija mayor. Fue una decisión difícil para mí porque amamantar a Pichón me encantaba, era un momento de fusión que nos llenaba a ambas de calma. Describí aquí en el blog cómo fue el proceso aunque ahora que repaso mis entradas nunca he llegado a contar cómo acabó la historia: ya tengo aquí una idea para una nueva entrada.

Durante el embarazo, que coincidió prácticamente con el primer año de cole de Pichón, hubo muchos altibajos emocionales para mí. Yo tenía planeado recuperar un poco mi vida de antes, salir a correr y tener algo de tiempo para mí en ese rato que ella estaba allí. Sin embargo, las tres horas y media que pasaba en el cole (la sacamos a comer y luego la volvemos a llevar) se me hacían cortas y al quedarme embarazada lo de salir a correr se eliminó de mi lista y no tuve más remedio que sustituirlo por caminatas mañaneras. El embarazo en sí fue bastante tranquilo, aunque me encontraba más cansada que en el primero, cosa que me parecía normal al mantenerme en activo hasta el séptimo mes y además tener a una pequeñaja a la que cuidar. Me sentía nerviosa por cómo sería la vida siendo cuatro, no sabía cómo iba a conseguir estar tan presente como había estado hasta entonces con Pichón si tenía que cuidar y amamantar a otro bebé. No sabía cómo sería ese bebé, si sería muy demandante, si sería muy delicada, era una  persona completamente nueva y extraña que habíamos invitado a entrar a nuestras vidas. Me sentía mala madre por rechazar las peticiones de mi hija cuando salía agotada y hambrienta del cole, incapaz de recorrer la distancia que separa el centro escolar de nuestra casa. Leí mucho durante el embarazo. Leí a Laura Gutman y aprendí algunas cosas de las sombras que se descubren con la maternidad (aún tengo pendiente leer otras cosas de ella). También leí a Ina May Gaskin y esas historias de mujeres que se animaban a describir sus partos en su libro Guía del parto me enseñaron lo poderoso que es el cuerpo de una mujer y lo poderosa que es la mente humana. Mi primer parto fue bastante fiel a lo que yo esperaba, pero más largo que lo que hubiera deseado. El segundo fue espectacular en todos los sentidos y la entrada en la que lo describía fue precisamente la más leída en mi blog en 2019 con 450 vistas (en realidad es la entrada más leída de la historia del blog).

Tras el parto sentí que algo se había roto. Mi pequeña Pichón ahora era la hermana mayor de una bebé hermosa y sana que nació sin problemas pero de noche, por lo que aunque pedimos el alta precoz tras el parto tuvo que pasar dos noches con los abuelos, las dos únicas noches de su vida que no ha dormido cerca de su mamá (ni su mamá cerca de ella). Los tres primeros meses han sido duros, no porque el pecho me haya dolido, ni porque Peque (a la que últimamente llamo Pepita o Pepona por lo tranquila que es) no me haya dejado dormir, sino porque de pronto yo me he dado cuenta de que soy otra. Porque de pronto me he dado cuenta de todos los errores que cometimos siendo primerizos, de todo lo que complicamos las cosas. Me he dado cuenta de todo lo que hemos aprendido gracias a nuestra primera hija, de todo lo que he leído sólo con la intención de cuidar mejor de ella. He descubierto las listas de crianza por email, un oasis increíble en el que personas anónimas donan ropa, juguetes, muebles y cienes y cienes de consejos, donde se intercambian opiniones y experiencias y se hace tribu. También descubrí algunos blogs interesantes que son importantes para mí por distintos motivos y tuve la oportunidad de leer otros que llevo años siguiendo y que no me canso de recomendar. Aquí cuatro de ellos:

  1. En 2019 he escrito varias veces sobre el residuo cero. En la primera de ellas mencionaba uno de mis descubrimientos del año: Vivir sin plástico. Creo que otra manera de vivir es posible y sobre todo es necesaria. Si tú también lo crees, te animo a que leas este blog.
  2. La cantimplora aventurera las conocí si no me equivoco cuando le dieron a me gusta a mi entrada Orense con niños. Os recomiendo su blog porque tienen cantidad de ideas para organizar salidas con los peques de la casa.
  3. También me gustaría mencionar un blog que auna lactancia y autismo, el blog de Silvia Ramírez, Lactando en diverso.
  4. Y por último el blog de Bei, sin duda conocido por muchos, Tigriteando. Tal vez no lo haya seguido tanto como en mis primeros años de maternidad, pero sus artículos me parecen fundamentales para los MaPis que deseen una crianza respetuosa en la línea que marcaba María Montessori.

Y para terminar, que ya mi Pepita me lleva unas horas de adelanto en su cuna y yo me lío a escribir y no termino… ¿Qué quiero del 2020? Quiero que mi pareja y yo sigamos creciendo con ellas. Quiero encontrar ese espacio de tiempo que sirva para cuidar de mí misma y de mi cuerpo. Quiero volver a correr y hacer yoga. Quiero escribir más. Quiero leer esos libros que tengo aparcados. Quiero atreverme y darme permiso para hacer aquellas cosas que me dan miedo o no me atrevo. Quiero creer más en mí. Quiero no cortar las alas de mis pequeñas. Quiero aprender a soltar y dejar ir. Quiero dejar de sentirme juzgada. Quiero reírme por todo y por nada, como ríen los niños…

QUIERO VIVIR. ¡Vamos a VIVIR!

0

Rodilleras DIY

Como llevo tiempo comentando, estoy cada vez más concienciada con el tema de los residuos. Por eso cuando en la misma semana Pichón acabó con dos pantalones rotos a la altura de la rodilla (que eran además de sus favoritos) se me ocurrió que había que buscar una solución alternativa al contenedor y me puse a buscar ideas por la web. Así decidí probar a ponerle unas rodilleras.

Cuando yo era pequeña lo de las rodilleras no me gustaba nada, me parecían cutres y delataban que el pantalón tenía un “siete”, por eso pensé que para que fueran bien aceptadas había que hacerlas un poco divertidas. En principio me hubiera gustado hacer unas estrellas pero sin plantilla estaba segura de que me saldría un churro, y entonces recordé que los moldes de las galletas pueden servir para algunas otras cosas. Ya que los pantalones son para ella, le di 4 o 5 formas a escoger entre las que seleccionó un corazón y algo así como una flor.

El siguiente paso fue marcar las formas en un resto de tela vaquera que tenía guardada de un vaquero que desechamos este verano y que almacené con intención de darle una segunda oportunidad pero que aún seguía esperando (Marie Kondo sufriría viendo mi armario… Me cuesta deshacerme de las cosas que no uso, siempre creo que les encontraré un sentido, y eso que en estos últimos meses he ido haciendo hueco). Una vez marcadas ambas formas por duplicado las recorté.

Luego zurcí el agujero, para que no se hiciera más grande. Tal vez podría haberme ahorrado este paso pero me suponía poco trabajo y como la rodillera va cosida y no pegada me pareció que así quedaba mejor.

A continuación, coloqué primero la rodillera que tenía que tapar el agujero fijándola con un par de alfileres y a continuación hice lo mismo con la de la otra pierna asegurándome que ambas quedaban a la misma altura.

img_20191120_154759_077

Por último, las cosí a mano, et voilà le résultat! No sé si durará mucho el invento y si lo ve mi madre tengo “bronca” asegurada por chapucera pero de momento Pichón está tan feliz viendo que le he costumizado los pantalones que ya llevan unas cuantas puestas con el nuevo estilo.