Mamá con greñas y ojeras modo ON

A veces me encuentro mujeres con dos niños pequeños, con un mayor de la edad de mi hija (3 años) y un pequeño que ya quiere empezar a andar. Algunas van con un par de gemelos o mellizos. Otras incluso llevan alguno más. Y las miro. A veces las envidio, pues lucen una bendita paciencia que yo por momentos pierdo. Cuando acumulo noches sin dormir, llantos, protestas, “mamá quiero brazos” y un sin fin de “nada de lo que digas mamá me hará entrar en razón”, miro a esas mamás que, a priori, deberían estar peor que yo y pienso ¿Cómo lo hacen? Mientras sigo controlando a duras penas mis nervios para no liarme a soltar voces sin sentido cuando veo a mi pequeña avalanzándose sobre un niño que sin querer le ha “robado” la silla. Y entonces, la mamá de dos, dulcemente aparta a su hijo mayor de mi hija para que no se la devuelva más fuerte (mi hija no debe haberse dado cuenta que el crío le saca una cabeza) mientras sujeta al pequeño que aún no anda pero que está con ganas de investigarlo todo arrastrándose panza abajo, y les explica, a su mayor y a mi Pichón, que los problemas no se arreglan con las manos, que se arreglan con la boca, “hablando”, especifica, y menos mal, no vaya a ser que a mi enana se le cruce más el cable y se le ocurra ponerse a morder. Yo despierto de mi letargo y entre todos aclaramos que ha sido una confusión y conseguimos contentar a ambos con respecto a su ubicación alrededor de la mesa. Compartimos los libros. Y al final se sonríen y nos despedimos risueños. Yo la veo y pienso que no entiendo cómo lo hace, sin embargo luego caigo en la cuenta que otros días yo he dormido bien y entonces reacciono mejor y más rápido, todo me molesta mucho menos porque mi tontómetro se sitúa muy alto y Pichón necesita para activarlo una buena dosis de tonterías.

Supongo que a veces, cuando voy peinada y sin manchas en la camisa, y mi hija se dedica a tomarse en alguna cafetería un zumo de naranja y se echa el tomate prácticamente sin ayuda en la tostada, alguna mamá greñosa y desquiciada me mirará preguntándose ¿Cómo lo hará?

No hay ningún secreto, la maternidad es hacer equilibrismos cada día sobre el alambre y lo peor es que el alambre no siempre tiene la misma tensión, a veces te confías y patapám, te das de lleno con un adolescente en miniatura que te hace sacar los colores y otros paseas de la mano de un pequeño querubín.

Disfruta los momentos buenos, respira los momentos malos. Todos pasarán a su debido tiempo, pero todos son necesarios. Ponte en su lugar, habla con él o ella. Muchas veces lo que nos parecen malas conductas son malentendidos. Recuerdo aquel día en el que me di cuenta que mi hija no sabía hacer cosquillas, por lo que cada vez que lo intentaba hacía daño ya que sin querer pellizcaba. De algo que ella hacía con intención cariñosa, siempre salía con una regañina. Ese día la regañé porque creí que sin venir a cuento había pellizcado a una de sus amigas, así que ella se enfadó, cogió su patinete y se fue al fondo del parque. Como aquel día había dormido bien y me había lavado el pelo, me sentía con otro aire, así que paciente y tranquila la fui a buscar pero no conseguí saber por qué había hecho eso. Después de comer, intentando hacerme cosquis, a su manera, entendí lo que había ocurrido con su amiga. “Sólo quería hacerle cosquillas y tú me has regañado”.

Los niños no saben lo que es la mala intención, aunque a veces no los entendamos. Cosas que a un adulto le parecen claras, ellos no las entienden ni de lejos. Entonces me acuerdo de las charlas de Victor Küppers, porque muchas veces no cambian sus actos sino nuestras actitudes y nosotros, que somos adultos, debemos ser los que les enseñemos como mantener la calma o recuperarla cuando se les escape de entre sus deditos.

Por suerte para nosotros, los terribles 2 años han quedado atrás para Pichón, y no, no eran un mito. Yo ya voy teniendo menos greñas y duermo mejor y más seguido y ella cada vez razona mejor y más tranquila. Ella es una niña con carácter pero ya empieza a controlar un poquito más aquellos impulsos irracionales que hasta hace pocas semanas tenía. Así que desde mi experiencia te puedo decir: RESPIRA.

 

 

Un comentario en “Mamá con greñas y ojeras modo ON

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